No me lo puedo creer, he sido elegido. ¿Qué coño hago ahora?
Dispongo de cinco minutos para pensarlo. ¿Cómo he tenido tanta
puta suerte? Aunque la decisión, ahora que la tengo que tomar, no
es fácil. Por un lado, quiero aceptar, pero por el otro, las
consecuencias de fallar son terribles. Venga, va. ¿Qué hago?
¿Acepto o rechazo? Joder, yo creo que lo haré bien. Aunque tengo
que estar cien por cien seguro de que puedo superar las pruebas,
¿lo estoy? Yo creo que sí. O no. Me cago en la puta. Siempre he
pensado que si me elegían pulsaría rápidamente en “Acepto”. Hay
gente que se lo ha pasado que se ha hecho hasta un tatuaje, lo he
visto en Twitter. Joder. No pasa nada si rechazo, nadie sabe que
me acaban de contactar para hacer el desafío. Cuatro minutos y
medio. Juraría que era mi sueño, ¡dale a que sí! Mi dedo no se
mueve, estupendo. ¿Qué cojones hago? A ver, vamos a calmarnos
que estamos muy nerviosos. Venga, va. Respira. Cinco, cuatro,
tres, dos, uno. Otra vez. Cinco, cuatro, tres dos, uno. Esto no sirve
de una puta mierda. Ahora mismo somos cien personas de todo el
mundo con un mensajito en el móvil decidiendo si aceptamos o
rechazamos. Y una vez se llene el cupo, has perdido la
oportunidad. He leído que la media de tiempo que suele tardar la
gente es de tres minutos. Cada vez se llena antes. Y, aunque puede
variar, tengo menos tiempo del que pensaba. Si pensar que tenía
cinco minutos me ponía nervioso, ahora ya me queda ¿cuánto
tiempo? No sé ni restar ahora mismo. Ni bachillerato de ciencias
ni ostias. Cuatro minutos. Ay, madre. ¿Qué hago, por Dios?

Sí, Dios te va a ayudar ahora, claro que sí. Piensa en Dios ahora que
te va a servir de mucho. Tú lo que eres es subnormal. Piensa en el
puto premio, anda. El premio. Se consigue al pasar las pruebas. Y
es que, encima, no son tantas. Entiendo que si fuesen muchas a la
gente se le gastaría la batería del móvil. A la gente, pero no a mí.
Yo siempre voy preparado. ¿Podría decirse que llevo
preparándome para esto toda mi vida? Bueno, ¿desde que
comenzaron los desafíos? Sí, llevo la powerbank siempre
conmigo. Por si acaso. Y, aun así, aquí estoy pensando en la batería
del móvil de otros. Subnormal, el premio. Tres minutos y medio.
El premio, el premio, el premio. Tienes la vida resuelta, no más
trabajar. Viajar, comprarte una casa sin tener que estar cogido por
los huevos con la hipoteca… Una casa… ¡y las que quiera! Bueno,
depende de la casa que compre y dónde. Aunque lo primero que
haré será viajar. Quizás lo único que haga será viajar, depende de
cómo me lo plantee, puedo vivir viajando, si no toda la vida, años.
Tres minutos y quince segundos. ¿Y si fallo? No soy el más listo
del mundo, pero, joder, tengo mi carrera, mi máster…Como si en
realidad eso me convirtiese en más listo. ¿De qué mierdas ha
servido estudiar tanto? Joder, es que lo pienso y me hierve la
sangre. A ver, en realidad sí que he aprendido alguna técnica
nueva, el copypaste. ¡Ja, ja, ja! Ponte a hacer chistes ahora, muy
bien. Venga, va, céntrate. Tres minutos. Es que, si fallo, mi vida ya
no tendría sentido. Mi vida tal cual es ahora, cambiaría
radicalmente. ¿Se puede considerar vida a lo que te pasa cuando
fallas el desafío? En realidad, es jugársela. Es ahora o nunca. Pero
las consecuencias… no podría ver crecer a mis sobrinos, ni irme
de cervecitas con los colegas al bar de mi tía Loli o, lo peor, no me
podría llevar a Percy. Mi Percy. No le puedo hacer eso.

Y mi familia, seguro que lo pasa mal. Mi abuela, joder, ¿y si en el tiempo que no estoy le pasa algo? Dios no lo quiera. Joder. Otra vez con
Dios, cualquiera diría que eres ateo. Dos minutos y medio.
Necesito pulsar algo ya, lo que sea. Me sudan las manos, se me va
a escurrir el móvil. Y tengo la boca súper seca, me cuesta tragar.
Agua, bebo agua y ya decido lo que sea. Dos minutos y quince
segundos. Se me acaba el tiempo. ¿Vivir como me dé la gana o
jugármela y perderlo todo? Podría hacer tantas cosas. Y estoy
preparado. Soy capaz de hacer todas las pruebas que se han ido
filtrando. Obviamente ahora hay nuevas, pero deberán ser
parecidas. Es la oportunidad de mi vida. Sólo pueden aceptar
cinco personas. Me tengo que arriesgar. Quiero mejorar mi calidad
de vida. Estoy harto de pagar alquiler y de esperar todo el año a
los putos quince días de vacaciones. Harto de vivir para el trabajo.
Llego a casa reventado y sin ánimo de nada. Aunque al menos,
tengo casa, trabajo y vivo cómodo. ¿Cuánto queda, joder? Lo peor
de todo es que tienes que contestar y después aparece si estás
dentro del juego o no. Por lo que lo mismo me estoy comiendo el
tarro y las plazas ya están ocupadas. ¿Y si no contesto? Venga, ya.
Dale ya. Pulsa lo que sea. Vamos. A la de tres. Tres, dos, uno. ¿Pero
pulso cuando digo uno o después? Céntrate. Tres, dos y…
pulsado.
Tengo un nuevo mensaje. A ver… Lo sabía. ¡Es que lo sabía! Me
cago en la puta. ¿Pero qué mierda es esto? ¿Qué hago ahora? No
tendría que haber pulsado. Si es que soy subnormal.
¿Estás seguro?
¡Pues yo qué sé! Un minuto para contestar. Me cago en la cuenta
atrás. ¿Esto significa que puedo cambiar mi respuesta? ¿Debería?

Joder, no tengo tiempo para pensar. Sí o no. Tic, toc. Voy a cerrar
los ojos y, cuando los abra, tengo que decidir.
Espera.
¿Quieres posponer la alarma 5 minutos más?
Mierda, otra vez igual. ¿Qué habré pulsado esta vez? Nunca me
acuerdo.

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